Detalle del interior del Teatro

   

 

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     Compañ, quien en 1917 dirigió la “Academia de Modelado y Vaciado” de La Laguna, realizó, además, los “artísticos adornos que decoran la galería alta” del Teatro Leal, así como “cuatro motivos decorativos” correspondientes a las sobrepuertas de acceso al anfiteatro.

     En las reformas de 1931/32 se añadirán los bustos en bajo relieve, entretejidos por collarines florales, de Lope de Vega y Calderón de la Barca, que algunos han atribuido a López Ruiz. Sin embargo, ahora podemos afirmar que corresponde a Manuel Gómez, decorador y estucador que tenía su taller en Sevilla (c/ Europa, nº 3; Tarifa nº 1), según factura de 10 de marzo de 1932.

     En la primera planta se abren cinco puertas en arco de medio punto (lo que supone una modificación respecto al proyecto original de Pintor): las tres más importantes, en el cuerpo central del edificio, las dos restantes a los lados. En el cuerpo principal de la segunda planta aparece un balcón corrido, del mismo ancho que las puertas principales de la primera planta, y otros dos a los lados, que mantienen la simetría. Este balcón principal presentaba un antepecho decorado con balaustres de hierro forjado –que en 1983 fueron sustituidos por los actuales de cemento), siendo también de hierro forjado la decoración de los balcones laterales, rematados con una barandilla de madera. Los balaustres del balcón principal son fábrica de la empresa tinerfeña “Taller de Herrería, Tomás Fumero Ramos”, mientras que el forjado de los balcones laterales corresponde a la empresa sevillana “Hijos de Miguel F. Palacios”.

     Tras la fachada principal, en la calle de La Carrera, se accede al vestíbulo, que conduce al patio de butacas o a los pisos superiores mediante dos escaleras que se abren a los lados.
En su interior, el edificio se eleva cuatro pisos: patio de butacas y plateas en el primero, palcos en el segundo, principal en el tercero y anfiteatro en el cuarto. “Su planta en forma de herradura presenta el grave inconveniente de impedir una adecuada visibilidad en determinadas localidades laterales, si bien se logra una excelente acústica”.

     El contratista de este magnífico coliseo, como se refería a él la prensa de la época, fue José Ruiz, quien se encargó de la “construcción del edificio”, de la “ejecución y materiales de las obras de construcción”.
Muchos recordamos el mecanismo de dos enormes gatos de usillo que, dispuesto bajo el suelo del patio de butacas, permitía elevarlo hasta el nivel del escenario, en los casos que así lo requerían, como en los numerosos bailes que se ofrecieron en el Leal. Exigía la intervención de cuatro personas para girar los gatos simultáneamente. Este sistema de gatos fue construido por el taller de mecánica y fundición “Francisco Recco”, sito en el callejón San José (La Laguna). En 1917, hubo que “modificarlos”, tarea que se encargó al “Taller de cerrajería” regentado por Santiago del Castillo (c/ Juan de Vera, 59).

     Pocos meses después de la inauguración del Leal, se dispone una cabina de proyección, sacrificando para ello el palco número 19, donde quedará ubicada con las paredes recubiertas de cinc. En marzo de 1930 se construye una nueva y definitiva cabina en el principal.

     La decoración interior del teatro Leal.  Aunque en el aspecto decorativo y sus artistas existe más que un evidente vacío, podemos afirmar rotundamente que los óleos y frescos que decoran el interior del Teatro Leal corresponden a Manuel López Ruiz, Manuel Verdugo y Benjamín Sosa.

 

 

* texto del libro "Teatro Leal". La historia de una ciudad a través de su Teatro. Julio Torres Santos

 
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