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Texto fecha
28 de septiembre de 2012
 

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Lunes a viernes 11,00 a 13,00 h | 18,00 a 20,00 h
Sábados 11,00 a 13,00 h | 18,00 a 20,00 h
Días de función Domingos y festivos Dos horas antes del comienzo del espectáculo
 

Sala de Cámara del Teatro Leal

 
28 de septiembre de 2012
Poeta por Pelotas
Parecemos casi felices al sol, mientras nos desangramos por heridas que no conocemos.

Estamos rodeados de signos por descifrar; todo son señales susceptibles de ser desencriptadas. Lo que ocurre a nuestro alrededor nos pernea, nos atraviesa, pero pocas cosas somos capaces de entender como las causantes de nuestros desvelos, de nuestros anhelos o de nuestras fobias. Quedamos con un montón de recibos pagados, pero no sabemos cuáles son los objetos por los que hemos abonado semejante cantidad, y los recibos quedan pendiendo de nosotros como hojas viejas de un árbol, crujientes al moverse por la brisa del mar. Es decir, solo el detalle delata que de nosotros cuelgan abonos, desembolsos, compras, gastos. Solo el soplo de mar, lo leve, lo carente de estridencia, lo no obvio. Solo eso hace que se nos revele la imagen: nosotros, los árboles, las hojas viejas. En la apreciación de los elementos cotidianos quizás se hallen los entresijos de lo menos prosaico, pero, a su vez, esa apreciación no puede ser una apreciación pedestre. En la mariposa blanca que nos cruzamos al caminar por el parque, nosotros y cientos de personas.

 ¿Cómo indagar en nuestra realidad circundante? ¿Dónde hallar la poesía es este principio de siglo? Si es la mirada del poeta la que hace la poesía, ¿dónde se halla el objeto de la misma hoy? ¿Es el bodegón inmutable en el tiempo? ¿Puede la poesía aportar algo acerca de hacia dónde vamos? ¿Funciona la cotidianeidad como entrada y salida, como clave de entrada hacia las señales más sutiles, como vía de salida hacia la alienación más absoluta?

 Preguntas que no pretende responder este montaje pero sí trata de formular de distintas maneras, con un soporte textual y un acompañamiento multimedia.

 Y de entrada y salida, a modo de emparedado, la cocina y la comida. Cocinar para comer, para alimentarse y sobrevivir. Y también para crear, para jugar, para encontrar en un caldo el reflejo del líquido amniótico o del principio seminal, las manos en la arcilla, el limón resbalando por los dedos, la forma esférica de la pelota, el fuego lento, las volutas que forma la grasa cuando se calienta. ¿Es esto también poesía?

 
 
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